lunes, 10 de marzo de 2014

La paradoja de la puerta cerrada, ofreciendo varias ventanas abiertas.

Frecuentemente escuchamos el dicho de que cuando una puerta se cierra es porque varias ventanas se están abriendo. Sin embargo, no podemos perder el norte, la forma y el fondo de este dicho y quedarnos a “vivir” en la venta abierta pretendiendo que ésta suple las funciones de la puerta que en su momento se cerró.
Aunque estos dos elementos tienen muchas similitudes en sus funcionalidades, es claro que son dos elementos diferentes y que tienen unas tareas  claramente definidas en nuestro diario vivir.
Decir adiós por otro lado y mucho más cuando estamos en una cómoda situación (no se ha generado ninguna acción de hostigamiento), es mucho más difícil incluso que decir adiós cuando estamos movidos por alguna mala acción o alguna inconformidad generada por algún suceso. Pero entonces, ¿por qué debemos dar ese adiós, si estamos en una zona de confort? ¿Qué nos puede motivar a tomar ese tipo de decisiones?
Al igual que en los procedimientos para desintoxicar el cuerpo, (para este caso utilizaré el ejemplo de la nicotina) entendemos que los hábitos juegan un papel muy importante en el proceso de la desintoxicación del cuerpo; pues el argumento es que la mente debe estar “ocupada” en actividades diferentes a las que se pueda asociar la obtención de la nicotina (fumar, cambiar círculos que pueden asociarse al consumo de cigarrillo, hacer deporte en caso de que no se practique etc.). Este ejemplo es uno de los muchos, donde debemos decir adiós a pesar de que nuestro cuerpo se encuentre a gusto con la nicotina, no impide llevar el día a día con un normal funcionamiento, y de hecho “ayuda” al cuerpo a manejar la ansiedad y otros muchos aspectos que los fumadores defendemos al momento de no querer dar ese adiós a este vicio. Sin embargo es innegable que nos estamos intoxicando; y por lo tanto es el momento de abandonar la ventana y buscar si bien no la cerrada puerta, otra puerta que nos permita entrar y no tener que hacer uso del sustituto de la ventana.
En muchas ocasiones nuestras mentes se aferran a algo, pretendiendo hacer ver la ventana como puerta, pero cuando finalmente entendemos que el remedio está siendo peor que la enfermedad, es dónde tenemos que dar ese gran paso y aprender a decir adiós, el cual entre más tiempo permitamos posponer, será más difícil.
 No decimos adiós a pesar de que estamos entrando y saliendo por una ventana, entramos y salimos por ésta a pesar de que implica realizar un esfuerzo extra que si estuviéramos haciendo uso de una puerta, pues tenemos que alzar y volver a alzar nuestros pies para poder lograr la sencilla acción de entrar y salir.
Cuando permitimos que los hábitos conviertan nuestras pasiones en costumbres, entramos en el juego tener vidas llenas de basura, que luego será más difícil depurar. Permitimos por el hecho de sentir algún placer o algún beneficio, que nuestras prioridades, objetivos, metas o simplemente búsquedas sean convertidas en entregas parciales, que no generan felicidad y que siempre dejan esa sensación de “no estoy completamente satisfecho” dado que perdimos por cobardía a una puerta cerrada la búsqueda de la puerta que inicialmente estábamos buscando; conformándonos con una ventana y quedarnos ahí, esperando que quizá las condiciones cambien en el mediano plazo y que luego de finalizado éste, perdemos la “fe” de que cambien esas condiciones, entonces terminamos por medio de una amnesia muy conveniente, creyendo y contemplando que el problema fue la fijación de nuestros objetivos o que a lo mejor estábamos siendo muy aspiracionales.

Así decir adiós no tiene que estar asociado simplemente a esas personas que nos hacen daño, a esas situaciones que nos incomodan, a esos trabajos que nos agotan, sino que siempre debemos estar evaluando nuestras decisiones, nuestros logros cerrados, los instrumentos que adoptamos para conseguirlos y finalmente y mucho más difícil, aprender a detectar esos placebos de felicidad o de logro obtenido que llevando el análisis más al detalle, realmente están siendo nocivos para la realización de nuestras vidas.

Mauricio López Vanegas
Estadístico